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Pasaje Evangélico

Pasaje Evangélico

 

De todo el proceso judicial llevado a cabo contra Jesús de Nazaret, la parte más vil e injusta fue la perpetrada, desde el prendimiento en sí mismo, por los dos primeros interrogatorios efectuados por el Gran Consejo o Sanehedrín: Alto Tribunal Supremo de justicia del pueblo judío.

Se procedió, nunca mejor dicho, con nocturnidad y alevosía. Sin apenas testigos y con un veredicto que, a las claras, estaba mas que decidido incluso antes de comenzar el proceso.

Tras la cena, Jesús y los suyos como hacían muchas veces, se retiraron a pasar la noche a un lugar situado en el monte de los olivos llamado Getsemaní. El lugar era un molino de aceite de un amigo de Jesús. Allí fue donde tuvo lugar la oración y el prendimiento. Sobre las dos de la madrugá se presentó en el lugar una numerosa plebe compuesta por servidores del templo y encabezada por Judas Iscariote. Llegaron armados con espadas y bastones. Le tomaron preso y cruzando de nuevo el arroyo Cedrón, le subieron a la colina occidental de la ciudad, donde se encontraba la casa del Sumo Sacerdote Anás y la sede del Sanehedrín presidido en aquel momento por José Caifás.

En dicho lugar Jesús fue recibido e interrogado por el anciano Anás, quizás para hacer tiempo entre tanto se personaban todos los miembros del tribunal, más los testigos que intervendrían. Anás, aunque ya no ejercía el cargo, seguía ostentando un gran poder. Probablemente, Caifás daría orden de que primero fuese conducido ante su suegro, para de esta forma mostrarle la debida consideración.

Sabemos que durante aquel corto interrogatorio uno de los siervos del templo le propinó a Jesús el golpe de palo que nos narra San Juan en su Evangelio y que nos definió con el termino: "rapisma", mal traducido por la famosa y popular "bofetá".

Tras este primer acto, entramos en el momento que tratamos de representar en nuestro Paso de Misterio; el interrogatorio de Caifás.

Uno de nuestros personajes más importantes, a parte por supuesto de Jesús, es José Qayyafá, Caifás como le conocemos. Nuestro personaje, permaneció 19 años en el cargo, desde el año 18 hasta el 37.

El espacio donde debió recibir a Jesús, se trataría de un hemiciclo con asientos dispuesto a cada lado de un estrado de honor, compuesto por los tronos donde se sentaban los presidentes. En el lugar debía de haber espacio para albergar a todos los miembros del Sanehedrín, distribuidos en sus tres Cámaras: la Cámara de los Sacerdotes, la de los Escribas y Doctores y, la Cámara de los Ancianos. A ésta última pertenecían José de Arimatea y Nicodemo.

Cada Cámara estaba compuesta por veintitrés miembros, a los que sumando los presidentes, hacían un total de setenta y una personas.

 

 

El espacio escénico del paso se articula precisamente a partir del Estrado de Honor, donde aparecen el trono del Sumo Pontífice Caifás y los sillones de honor de la presidencia y la vicepresidencia. Tras dicho estrado ocupa un lugar preeminente la Menorá o Candelabro de los sietes brazos, símbolo sagrado del pueblo judío que representa las siete tribus de Israel. Desde el estrado, dos escalones nos separan del piso del hemiciclo, donde observamos un pebetero humeante de incienso y un poco más adelante, la escena principal. El soldado o siviente del templo, miembro de la guardia personal del Sumo Sacerdote, custodia al Nazareno. Éste personaje, por supuesto, no lleva indumentaria romana. En esto, nuestro misterio quiere incluir una seña de identidad que lo diferencie de otros misterios semejantes. 

Delante del soldado sirviente del Templo, Jesús en su Soberano Poder se muestra en actitud humilde, con su cuerpo ligeramente inclinado y la mirada perdida. El soldado le empuja en la espalda para obligarle a dirigir sus pasos hacia una figura enjuta y algo encorvada que le espera, se trata de José Caifás.

El Sumo Sacerdote tras ver que los testimonios de los testigos y las respuestas de Jesús no conducían a nada definitivo, estaba perdiendo la paciencia. Entonces, decide actuar de una forma bastante inspirada y que le daría los resultados previstos. Ya hacía rato que había abandonado el estrado y se había colocado cerca de Jesús, ahora buscaba la mirada del Nazareno.

Mientras, en el estrado permanecía sentado el vicepresidente, denominado Padre del Tribunal, y ante él, en pie, la figura noble de un anciano amigo de Jesús, se trata de José de Arimatea, miembro de la Cámara de los Ancianos, que en actitud de discusión reclama justicia defendiendo la inocencia de Jesús y señalando con su dedo hacia la figura encadenada del Maestro. El grupo del estrado es la escena secundaria del misterio pero conecta perfectamente con la secuencia principal, a través de la figura de Arimatea que nos dirige a ella con su brazo.

Volviendo a la escena principal, Caifás en actitud solemne se dirige a Jesús, se va a producir el momento crucial, ese que nuestro misterio quiso congelar en el tiempo y el espacio. Caifás clava los ojos inyectados en cólera contenida y le pregunta: "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?

Jesús entonces dirigiéndole una mirada clemente, pero con gesto severo, le responde: "Tú lo has dicho" lo que significaba, "Yo Soy", "Ego Sum".

Apenas pronunciadas estas palabras todos los miembros del Sanehedrín se levantaron en tumulto y de nuevo le preguntaron a Jesús: "¿Eres pues el Hijo de Dios?, ¿Eres pues además el Mesías? Y Jesús les dijo: "Vosotros decís que lo Soy".

Obtenida esta clarísima afirmación, Caifás exclamó aterrado: ¡Ha blasfemado!, ¿QUé necesidad tenemos ya de más testigos? Habéis oído la blasfemia, ¿Que os parece?, Todos le contestaron con gran voa: ES REO DE MUERTE. Y éstas serán las palabras que resuenan en todas las esquinas del barrio, en todos los rincones de Alcalá, cuando el misterio del Soberano recorre las calles cada año.

Nuestra voces piden a Caifás que le predone. Todos seremos por Él amigos de José de Arimatea o Nicodemo, que con tristeza e impotencia asistieron, igual que todos los hermanos del Soberano, a la condena más injusta de todos los tiempos.

A cada uno de nosotros, a nuestras conciencias le corresponde que por lo menos, sirviera para algo.

   

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Alcalá de Guadaíra.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.